10.04.2010

0 A nous la liberté



Voces en libertad es una selección de 110 carteles conmemorativos que pertenecen a la XI Bienal Internacional del Cartel en México. Imágenes de diseñadores y artistas plásticos de todo el mundo que plasman distintas visiones –y versiones– de la polémica dupla bicentenario-libertad, a veces con claras referencias a nuestro país, otras a Latinoamérica y otras al simple y puro concepto abstracto de la libertad (o la falta de ella). Miradas críticas, a veces punzantes y otras más suavizadas, pero que afortunadamente casi siempre eligen una postura desde nos invitan a pensar en cuánto hemos ganado en este terreno, y cuánto nos falta por recorrer. También en Clavijero, hasta diciembre de este año.

Dónde Centro Cultural Clavijero Calle Nigromante No. 79 Centro Histórico
Cuándo Martes a domingo de 10:00 a 18:00 hs.

0 Lámina de latón


Abraham Avilés (Natanael)

Seguía lloviendo, pero el robot no se movió en todo el día.

Causó realmente mucha expectación entre los que estábamos mirando por el gran ventanal de la cafetería, ya que la tormenta estaba cayendo y él seguía ahí, oxidándose con la lluvia sin buscar algún techo. Lo más curioso es que estaba ahí voluntariamente.

Le pregunté a uno de los vigilantes si sabía algo al respecto y, como respuesta, tan sólo encogió los hombros y negó con la cabeza.

Ya entrada la noche seguía rondado en mi cabeza la idea del robot allá afuera en la lluvia, no porque fuera un gran fanático de las máquinas o fuera de esos aficionados al chismorreo, pero no podía dejar de pensar que un robot, aún bajo la programación más simple, debería tener la necesidad de autoconservación en un grado mayor como para permitirse el estar en la intemperie en un mal tiempo.

Seguía lloviendo, pero probablemente lo mejor que pude haber hecho era irme a la cama. Afuera las luces eran mínimas y si se mantenía afuera o no el robot , poco podría hacer al respecto.

La mañana siguiente siguió lluviosa, por lo que salir tampoco era una idea muy atrayente. Recorrí las habitaciones y otros cuartos del edificio en búsqueda de cualqueir cosa que matara el tedio y me mantuviera activo, cuando menos hasta la comida.

Finalmente, el tedio aumentó a tal punto que pensé que aventurarme afuera junto al robot podría ser una buena opción... o quizás fuese el tedio mismo el motivo por el cual la máquina estuviese afuera.

Así pues, me hice de un paraguas y una gabardina y me aventuré a las inclemencias del clima en un afán de matar el tedio y la curiosidad de una sola vez.

A medida que avanzaba me dí cuenta que lo que aparentaba ser un amplio jardín eran en realidad tres metros de pasto y un holograma generado por la maquinaria del hotel y el fondo, donde se encontraba el robot, era el paisaje real... Igual que muchos lugares: un paraje desolado y perdido en el resto de la tierra y en él, kilómetros de desierto llenos de naves abandonadas.

No debí sorprenderme tanto de esto, pero ahora se veía más claro el robot y, menuda imagen, tenía un paraguas sostenido pero no se cubría a sí mismo. Incluso, parecía no importarle en lo absoluto mojarse. Su cabeza estaba inclinada hacia un bloque a un lado suyo.

La curiosidad me cubrió por completo, ¿por qué no se cubría? ¿Qué le hacía estar ahí con un paraguas cubiriendo un bloque inútil abandonado durante años?

La lluvia se detuvo, y al ver al robot con el paraguas dando refugio a un diente de león comprendí... Vaya, no era tan inútil el bloque, y el robot... Al verle cuidar al único ser vivo en todo el desierto me hizo creer que debía de haber más que circuitos en ese cuerpo de latón.

http://lacuevapiratadenatheros.blogspot.com

0 Libertad y Amor

Alynne Aleph

Hoy en día es muy común pensar que el amor significa ataduras. La verdad es que nadie nos ha enseñado a amar correctamente, y tal vez no hemos tenido la capacidad de raciocinio para buscar alternativas para aprender a amar sin ataduras. Amar sanamente y con conciencia es un proceso, en donde la pregunta “¿qué es el amor?” se vuelve una constante, y creo que ése es el primer paso para empezar el cambio. Conociendo el problema y aceptándolo, es cuando uno empieza a crecer.
Esto no quiere decir que no contraigamos derechos y obligaciones cuando se constituye una pareja, ya que somos parte de un todo y en este todo debe de haber un equilibrio.
Las ataduras van más allá de algo económico: hablamos de ataduras de tipo emocional, que son las que más afectan a una relación. Sencillamente al conocer a una persona nos vamos mutilando poco a poco, para dar al final trozos de lo que fuimos. Dejamos de ser, para dejar ser.
En este proceso en el que por siglos se ha expuesto al amor como una entrega total y absoluta de un ser humano a otro en forma de sacrificio, nos hemos olvidado de nuestra individualidad, y solemos perder nuestra identidad para poder pertenecer al otro. ¿Qué tan viable o sana puede haber sido la opción que ha llevado a muchas parejas a permanecer en relaciones absolutamente incoherentes por largos años? El exceso de paciencia se convierte en una pesadilla y desemboca en cobardía. El humano es el único animal en la faz de la tierra que se cuestiona su existencia, el único que hace el amor, el sexo y el erotismo al mismo tiempo. ¿Qué tan complicados y tan sencillos podemos ser cuando amamos?
Siempre he pensado que la mejor forma de conocernos a nosotros mismos es cuestionarnos, por eso tenemos la maravillosa fortuna de ser seres pensantes; podemos evolucionar, aprender y llenarnos de experiencias exquisitas que hacen de nuestra corta estancia en este mundo una forma de vida extraordinaria. Podemos crecer, escuchar, aceptar y entender la verdadera misión que tenemos en este trayecto llamado comúnmente vida.
¿En dónde estamos equivocados? ¿En qué momento empezamos a dejar de amar?
Nos han enseñado a enamorarnos de estereotipos fabricados y vivimos en un constante conflicto entre lo que es y lo que debería de ser. Estamos a la espera de lo que nosotros queremos que las otras personan sean, y entonces habría que preguntarse, ¿dónde queda la individualidad?
Llegamos a un punto de frustración y sencillamente dejamos de ser para que ella o él –nuestra pareja– sea. Nos atamos de tal forma que nos empezamos a asfixiar, pero aún así queremos cobrar la factura de haber dejado de ser, y nos volvemos egocéntricos y creamos necesidades en las otras personas para seguir atados. Si ya no hay amor, al menos habrá control.
Empezamos el juego del dolor para poder volver a sentir, ya que el amor perdió fuerza y el ser humano está acostumbrado a sentir para estar vivo. Entonces, el dolor se vuelve la única forma de comprobar que seguimos existiendo.
No tengo miedo a que me amen, tampoco tengo miedo a amar, de lo que sí tengo miedo es de olvidar a amar…..
http://los-jugadores-de-la-mente.blogspot.com/

0 Martina Microbia y el ojo volador

Jessica Piña

En un lugar no muy lejano a éste existe la ciudad Microbia, con sus microbísimos habitantes. Ellos, al igual que nosotros, tienen infinitas, tormentosas e importantísimas preocupaciones: ¿Quién habrá conseguido el copete más alto?¿Cómo voy a pagar mucho y obtener cada vez más poco en un plazo de 500,000 años, sin intereses?

Así pasan los días de los microbios: van de un lado para otro, caminan con combustible de cafeína y hablan sacando fumarolas. Perdida en esta ciudad existe Martina Microbia, paliducha y sin mucho que contar. Así es ella, perdida entre libros y murmullos, preocupada… muy preocupada. Pero ¿qué es eso que la tiene con los ojos rojos y le acumula una joroba en la espalda? Shh… lo diré despacito para que no se espante… Es ¡el futuro! ¡Sííí! Esa cosa espeluznante que se esconde detrás de cada noche y que no tiene un final seguro y predecible. Eso es pavoroso para Martina Microbia. Pero, ¿por qué? Porque en ciudad Microbia los pequeñines son educados para escoger y determinar sin lugar a cambio cada día de su vida desde que pueden hablar. Y entonces los microbiotes se la pasan preguntando: ¿Qué serás de grande? ¿Qué quieres estudiar? ¿Policía, bombero? ¿Bailarina, acaso? Bla bla bla… y la pobre Martina Microbia, que ni siquiera tuvo tiempo de preguntarse quién era ni si quería estudiar, estaba ahora embarcada entre libros estudiando para ser microbidoctora. Una especialidad muy complicada que engloba los conocimientos más avanzados de todo el mundo bacteriano.

Así estaba la pobre Martina, corriendo, siempre corriendo y sin poder respirar, hasta que entonces lo vio. Un ojo grandote, grandote, que la mira desde lejos a través de un cristal… No dijo nada ni hizo un sólo movimiento porque sabía que en todos los libros de microciencia cuántica no había nada que se le pareciese a ese fenómeno, ni tampoco nada que le dijera cómo actuar. Entonces pensó que era una alucinación formada por las bocanadas de humo que despedía desde hace horas. Por eso se quedó quieta y sin voltear… Hasta que apareció una vez más ¡un ojo! ¡Un ojo grande y volador, que la veía desde un cristalote, papadeaba, la observaba y se volvía a alejar! Martina Microbia se quedó un rato abrumada y sin saber qué hacer. De pronto, respiró profundo y el humo blanquecino que habitaba en sus pulmones cesó. Sonriente, volvió a casa y, por primera vez en muchos años, durmió tranquila: había entendido que los designios de los microbios son regidos por algo más grande de lo que ella puede entender.

0 Macy's

Héctor Jiménez

Iban tomados de la mano. Él usaba tenis azules, ella zapatillas rojas. Para llegar a su destino con mayor velocidad decidieron tomar un atajo: cruzar el estacionamiento público, entrar al centro comercial, atravesarlo, y salir por el ala este.
Mientras caminaban entre las filas de automóviles, él observaba un punto negro sobre la estrella roja del colosal logotipo de Macy’s. Cuando sólo quedaban dos filas de autos frente a él, logró captar claramente qué era ese punto negro. Era un cuervo.
-Sobre la estrella, mira. Un cuervo.
-¿Qué crees que hace ahí?
-Creo que el cuervo se ha enamorado perdidamente de la estrella. Pasa todo el día sentado en su brazo derecho, susurrándole palabras de amor. Cuando cae la noche y el centro comercial cierra sus puertas, la estrella de plástico se convierte en una estrella fugaz y se van, ella y él a recorrer los cielos hasta el amanecer.
- Que imaginación tienes… Infantil, espantosa, inútil- respondió ella, imprimiendo cada vez más desprecio a la palabra pronunciada.
Él frenó en seco, las palabras giraban en su cabeza: infantil… no era suficiente hombre para ella; espantosa… ella le aborrecía, sentía desprecio por él; inútil… inútil.
Ella soltó su mano, caminó alrededor de él hasta que se encontró con su espalda y se convirtió en una criatura enorme, viscosa, como una jalea viviente, de color rojo obscuro y manchas cafés. Se abalanzó sobre él, abrió una gran boca sin ojos y lo devoró de un solo bocado.
El tamaño del cuerpo ingerido aumentó considerablemente las dimensiones de la masa roja, pero sólo por un momento, ya que contaba con un poderoso sistema digestivo que desintegró el enorme bocado en un instante. Entonces regresó a su tamaño normal, pero aun así seguía siendo enorme.
Se escucharon los pasos de unos transeúntes y la masa fue perdiendo volumen y espesor rápidamente hasta parecer una mancha de aceite en el pavimento. Se arrastró debajo de un auto para no ser descubierta.
El cuervo que había estado todo el día sentado en el brazo derecho de su amada estrella susurrándole palabras de amor, se interrumpió un momento para reflexionar sobre la escena que acababan de presenciar.
-Pobre chico, su exceso de imaginación fue su ruina.
-Explícate.
-Por ejemplo, si él no hubiera tenido tanta imaginación y no hubiera dicho nada acerca de nosotros, la gelatina no habría tenido ocasión de atacarlo por la espalda y en este momento estarían los dos saliendo por el ala este del centro comercial.
-Por el contrario. Su falta de imaginación fue su ruina.
-Explícate.
-Si el chico en cuestión pudo imaginar que un cuervo y una estrella pueden ser amantes, debía haber podido imaginar también que su acompañante era una gelatina come-hombres que lo atacaría por la espalda. Pudo haberse salvado entonces.
El cuervo no lo sabía. La masa viscosa y la estrella eran la misma criatura.